ÉTICA ECOLÓGICA
28 de Octubre de 2015
Artículo escrito por Mons.
Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo de san Cristóbal de las Casas, Chiapas.
VER
En
nuestra diócesis, llevamos a cabo un curso de formación permanente, de tres
días, con sacerdotes, religiosas y laicos. El tema fue estudiar, analizar y
meditar la Encíclica del Papa Francisco Laudato si, sobre el cuidado de la casa común, que comprende la
hermana y madre tierra, la vida humana, que están en peligro por la destrucción
de la naturaleza.
Hace ya
dos años realizamos un Congreso sobre la Pastoral de la Madre tierra, y
asumimos esta línea de acción como prioritaria y transversal en nuestro servicio
eclesial. Se han dado pasos significativos para cuidar la sufrida madre tierra,
para evitar la deforestación creciente, para proteger los manantiales y los
ríos; pero pareciera que es poco lo que ya hacemos en comparación con el
monstruo apocalíptico del sistema económico y político que, con tal de obtener
dinero, devasta todo a su paso.
A los
grandes capitales, lo que les mueve es obtener pingües ganancias, y no les
importa dejar a su paso contaminación y destrucción. Les dan insignificantes
migajas a los pueblos pobres, que se quedan más pobres de lo que estaban. Ante
esto, no nos podemos quedar indiferentes, aunque nos digan que no nos metamos
en estos asuntos. Nuestra pasión por Jesús se convierte en pasión por la vida
digna de su pueblo.
Una
señal clara de que no se detiene la destrucción de la selva y de las montañas,
es que los ríos ya no llevan agua limpia, clara, con sus bellos colores
chiapanecos entre azul y verde, sino que su color es café, chocolatoso, donde
nadie se puede bañar y los peces no pueden sobrevivir.
Y todo
porque se tiran árboles, llueve y la lluvia arrastra buena tierra, que ya no se
recupera; con el tiempo sólo quedan piedras, donde nada crece. Ya no se dan ni
el maíz, ni el frijol, ni el café, y la pobreza se agudiza, la migración no se
detiene.
PENSAR
Es
necesario educarnos todos para un cambio ético en nuestro diario vivir, como
dice el Papa Francisco en su Encíclica Laudato si:
“La conciencia de la
gravedad de la crisis cultural y ecológica necesita traducirse en nuevos hábitos.
Muchos saben que el progreso actual y la mera sumatoria de objetos o placeres
no bastan para darle sentido y gozo al corazón humano, pero no se sienten
capaces de renunciar a lo que el mercado les ofrece. Estamos ante un desafío
educativo” (209).
“La educación
ambiental debería disponernos a dar ese salto hacia el Misterio, desde donde
una ética ecológica adquiere su sentido más hondo” (210).
“Sólo a partir del
cultivo de sólidas virtudes es posible la donación de sí en un compromiso
ecológico. Si una persona, aunque la propia economía le permita consumir y
gastar más, habitualmente se abriga un poco en lugar de encender la
calefacción, se supone que ha incorporado convicciones y sentimientos
favorables al cuidado del ambiente. Es muy noble asumir el deber de cuidar la
creación con pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación
sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida. La educación en la
responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una
incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso
de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los
residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado
a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo
vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias.
Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad, que muestra lo mejor
del ser humano. El hecho de reutilizar algo en lugar de desecharlo rápidamente,
a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese
nuestra propia dignidad” (211).
“No hay que pensar
que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en
la sociedad que siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar” (212).
ACTUAR
No
esperes que cambie todo el sistema social, político y económico del mundo. Lo
que lo puede hacer caer son tus pequeñas acciones, como las descritas por el
Papa, y practicar una ética ecológica. ¿Qué puedes hacer?

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