lunes, 14 de diciembre de 2015

APERTURA DEL JUBILEO DE LA MISERICORDIA EN LA DIÓCESIS DE CAMPECHE


APERTURA DEL JUBILEO
DE LA MISERICORDIA EN LA
DIÓCESIS DE CAMPECHE

El pasado martes 8 de Diciembre inició en toda la Iglesia el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco.

En nuestra Diócesis de Campeche también se abrió ese día la Puerta de la Misericordia en la Catedral.

A las diez de la mañana los sacerdotes y fieles de la Diócesis de Campeche se dieron cita en el Santuario Diocesano de Ntra. Sra. de Guadalupe para realizar un Acto Mariano y los Ritos Iniciales de Apertura del Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

Terminado el canto del Himno del Jubileo Misericordes sicut Pater, dio inicio el Acto Mariano.

“Queridos Hermanos: Nos reunimos en este Santuario Diocesano de Ntra. Sra. de Guadalupe para realizar los ritos de introducción de la Apertura del Jubileo extraordinario de la Misericordia pues queremos encomendar a ella, Madre de misericordia, nuestro itinerario jubilar.

La Virgen de Guadalupe es la manifestación histórica de la misericordia de Dios a los habitantes del Anáhuac en el momento más trágico de su historia.  Ella se presentó para «oír y remediar los lamentos, miserias, penas y dolores» del pueblo; y también para «mostrar y dar todo su amor, compasión, auxilio y defensa».

La Virgen de Guadalupe vino a restablecer la armonía de la vida de quienes vivían en el Anáhuac. El escudo y la lanza caídos, la enfermedad del tío Juan Bernardino, y el frío invernal que mata las flores del pueblo, son signo de la acción destructiva de quienes llegaron de Europa. Destrucción que la Dulce Señora del Cielo vino revertir con una nueva construcción que reivindicara «al de aquí» y también «al que llegó de lejos».

Así, la Virgen de Guadalupe nos reveló, de manera maravillosa, ese amor misericordioso de Dios. Y por eso podemos afirmar, con el Papa León XIII, cuando mandó coronarla a fines del siglo XIX: «Non fecit taliter omni nationi», «¡No hizo nada semejante con ninguna otra nación!»”.

Después, el Obispo invitó a bendecir y a alabar a Dios, cantado “eterna es tu misericordia”. Para luego cantar todos juntos el Himno Akathistós.

Todoel pueblo de Dios, embargado por una íntima alegría. «La alegría de alabar a María con el himno Akáthistos, tan apreciado por la tradición oriental».

Akáthistos no es su nombre, sino una rúbrica, es decir, una indicación litúrgica, que significa literalmente “estando no sentado”, porque se debía cantar estando de pie, en acto de veneración a la Santísima Virgen María.

«Es un cántico totalmente centrado en Cristo, a quien se contempla a la luz de su Madre virgen. Ciento cuarenta y cuatro veces nos invita a renovar a María el saludo del arcángel Gabriel: ¡Dios te salve, María!, recorriendo las etapas de su existencia y alabando los prodigios que el Todopoderoso realizó en ella: su concepción virginal, inicio y principio de la nueva creación, su maternidad divina, y su participación en la misión de su Hijo, especialmente en los momentos de su pasión, muerte y resurrección.

María, Madre del Señor resucitado y Madre de la Iglesia, nos precede y nos lleva al conocimiento auténtico de Dios y al encuentro con el Redentor. Nos indica el camino y nos muestra a su Hijo. Al celebrarla con alegría y gratitud, honramos la santidad de Dios, cuya misericordia hizo maravillas en su humilde esclava. La saludamos con el título de Llena de gracia e imploramos su intercesión para toda la Iglesia, que, con este himno Akáthistos, celebra su gloria».

himno AKAQISTOS  
PARTE HISTÓRICA
EPISODIOS EVANGÉLICOS

1

Lector:       Un arcángel excelso
fue enviado del cielo
a decir "Dios te salve" a María.
Contemplándote, oh Dios, hecho hombre
por virtud de su angélico anuncio,
extasiado quedó ante la Virgen,
y así le cantaba:

El Coro y toda la Asamblea cantan:

Salve,        por ti resplandece la dicha;
Salve,        por ti se eclipsa la pena.
Salve,        levantas a Adán, el caído;
Salve,        rescatas el llanto de Eva.
Salve,        oh cima encumbrada – a la mente del hombre;
Salve,        abismo insondable – a los ojos del ángel.
Salve,        tú eres de veras – el trono del Rey;
Salve,        tú llevas en ti – al que todo sostiene.
Salve,        lucero que el Sol nos anuncia;
Salve,        regazo del Dios que se encarna.
Salve,        por ti la creación se renueva;
Salve,        por ti el Creador nace niño.
Salve,        ¡Virgen y Esposa!

2

Lector:       Conociendo la Santa
que era a Dios consagrada,
al arcángel Gabriel le decía:
Mujer:                   "Tu mensaje es arcano a mi oído
y difícil resulta a mi alma;
insinúas de Virgen el parto, exclamando:
¡Aleluya!".

El Coro y toda la Asamblea cantan:

¡Aleluya!, ¡Aleluya!

3

Lector:       Deseaba la Virgen comprender el misterio
y al heraldo divino pregunta:
Mujer:        "¿Podrá dar a la luz criatura
una Virgen? Responde, te ruego".
Lector:       Reverente Gabriel contestaba,
y así le cantaba:

El Coro y toda la Asamblea cantan:

Salve,        Tú guía al eterno consejo;
Salve,        Tú prenda de arcano misterio.
Salve,        milagro primero de Cristo;
Salve,        compendio de todos sus dogmas.
Salve,        celeste escalera – que Dios ha bajado;
Salve,        oh puente que llevas – los hombres al cielo.
Salve,        de angélicos coros – solemne portento;
Salve,        de turba infernal – lastimero flagelo.
Salve,        inefable, la Luz alumbraste;
Salve,        a ninguno dijiste el secreto.
Salve,        del docto rebasas la ciencia;
Salve,        del fiel iluminas la mente.
Salve,        ¡Virgen y Esposa!

4

Lector:       La virtud de lo Alto
la cubrió con su sombra
e hizo Madre a la Esposa Inviolada.
Aquel seno por Dios fecundado
germinó como fértil arada
para todo el que busca la gracia
y aclama: ¡Aleluya!

El Coro y toda la Asamblea cantan:

¡Aleluya!, ¡Aleluya!

5

Lector:       Con el Niño en su seno,
presurosa María,
a su prima Isabel visitaba.
El pequeño en el seno materno
exultó al oír el saludo,
y con saltos, cual cantos de gozo,
a la Madre aclamaba:

El Coro y toda la Asamblea cantan:

Salve,        oh tallo del verde Retoño;
Salve,        oh rama del Fruto incorrupto.
Salve,        al pío Arador tú cultivas;
Salve,        tú plantas quien planta la vida.
Salve,        oh campo fecundo – de gracias copiosas;
Salve,        oh mesa repleta – de dones divinos.
Salve,        un Prado germinas – de toda delicia;
Salve,        al alma preparas – Asilo seguro.
Salve,        incienso de grata plegaria;
Salve,        ofrenda que el mundo concilia.
Salve,        clemencia de Dios para el hombre;
Salve,        del hombre con Dios confianza.
Salve,        ¡Virgen y Esposa!

6

Lector:       Con la mente en tumulto,
inundado de dudas,
el prudente José se debate.
Te conoce cual Virgen intacta;
desposorios secretos sospecha.
Al saber que es acción del Espíritu,
exclama: ¡Aleluya!

El Coro y toda la Asamblea cantan:

¡Aleluya!, ¡Aleluya!

7

Lector:       Los pastores oyeron
los angélicos coros
que al Señor hecho hombre cantaban.
Para ver al Pastor van corriendo;
un Cordero inocente contemplan
que del pecho materno se nutre,
y a la Virgen le cantan:

El Coro y toda la Asamblea cantan:

Salve,        Nutriz del Pastor y Cordero;
Salve,        aprisco de fieles rebaños.
Salve,        barrera a las fieras hostiles;
Salve,        ingreso que da al Paraíso.
Salve,        por ti con la tierra – exultan los cielos;
Salve,        por ti con los cielos – se  alegra la tierra.
Salve,        de Apóstoles boca – que nunca enmudece;
Salve,        de Mártires fuerza – que nadie somete.
Salve,        de fe inconcuso cimiento;
Salve,        fulgente estandarte de gracia.
Salve,        por ti es despojado el averno;
Salve,        por ti revestimos la gloria.
Salve,        ¡Virgen y Esposa!

8

Lector:       Observando la estrella
que hacia Dios los guiaba,
sus fulgores siguieron los magos.
Era antorcha segura en su ruta;
los condujo ante el Rey Poderoso.
Al llegar hasta el Inalcanzable,
le cantan: ¡Aleluya!

El Coro y toda la Asamblea cantan:

¡Aleluya!, ¡Aleluya!

9

Lector:       Contemplaron los magos
entre brazos maternos
al que al hombre plasmó con sus manos.
Comprendieron que era Él su Señor,
a pesar de su forma de esclavo;
presurosos le ofrecen sus dones
y a la Madre proclaman:

El Coro y toda la Asamblea cantan:

Salve,        oh Madre del Sol sin ocaso;
Salve,        aurora del místico Día.
Salve,        tú apagas hogueras de errores;
Salve,        Dios Trino al creyente revelas.
Salve,        derribas del trono – al tirano enemigo;
Salve,        nos muestras a Cristo – el Señor y el Amigo.
Salve,        nos has liberado – de bárbaros ritos;
Salve,        nos has redimido – de acciones de barro.
Salve,        extingues las llamas del vicio.
Salve,        camino a la santa templanza;
Salve,        alegría de todas las gentes.
Salve,        ¡Virgen y Esposa!

10

Lector:       Portadores y heraldos
de Dios eran los magos
de regreso, allá en Babilonia.
Se cumplía el oráculo antiguo
cuando a todos hablaban de Cristo,
sin pensar en el necio de Herodes
que no canta: ¡Aleluya!

El Coro y toda la Asamblea cantan:

¡Aleluya!, ¡Aleluya!

Salve,        levantas al género humano;
Salve,        humillas a todo el infierno.
Salve,        conculcas engaños y errores;
Salve,        impugnas del ídolo el fraude.
Salve,        oh mar que sumerge – al cruel enemigo;
Salve,        oh roca das de beber – a sedientos de Vida.
Salve,        columna de fuego – que guía en tinieblas;
Salve,        amplísima nube – que cubres el mundo.
Salve,        nos diste el Maná verdadero;
Salve,        nos sirves Manjar de delicias.
Salve,        oh tierra por Dios prometida;
Salve,        en ti fluyen la miel y la leche.
Salve,        ¡Virgen y Esposa!

12

Lector:       Simeón el anciano,
al final de sus días,
de este mundo dejaba la sombra.
Presentado le fuiste cual niño,
mas, al verte cual Dios poderoso,
admiró el arcano designio
y gritaba: ¡Aleluya!

El Coro y toda la Asamblea cantan:

¡Aleluya!, ¡Aleluya!

PARTE DOGMÀTICA
MISTERIOS DE LA FE

21

Lector:       Como antorcha luciente
del que yace en tinieblas
resplandece la Virgen María.
Ha encendido la Luz increada;
su fulgor ilumina las mentes
y conduce a la ciencia celeste
suscitando este canto:

El Coro y toda la Asamblea cantan:

Salve,        oh rayo del Sol verdadero;
Salve,        destello de Luz sin ocaso.
Salve,        fulgor que iluminas las mentes;
Salve,        cual trueno enemigos aterras.
Salve,        surgieron de ti – luminosos misterios;
Salve,        brotaron en ti – caudalosos arroyos.
Salve,        figura eres tú – de salubre piscina;
Salve,        tú limpias las manchas – de nuestros pecados.
Salve,        oh fuente que lavas las almas;
Salve,        oh copa que vierte alegría.
Salve,        fragancia de ungüento de Cristo;
Salve,        oh Vida del sacro Banquete.
Salve,        ¡Virgen y Esposa!

22

Lector:       Por querer perdonarnos
el pecado primero,
el que paga las deudas de todos,
de sus prófugos busca el asilo,
libremente del cielo exiliado.
Mas, rasgando el quirógrafo antiguo,
oye un canto: ¡Aleluya!

El Coro y toda la Asamblea cantan:

¡Aleluya!, ¡Aleluya!

23

Lector:       Celebrando tu parto,
a una voz te alabamos
como templo viviente, Señora.
Ha querido encerrarse en tu seno
el que todo contiene en su mano,
el que santa y gloriosa te ha hecho,
el que enseña a cantarte:

El Coro y toda la Asamblea cantan:

Salve,        oh tienda del Verbo divino;
Salve,        más grande que el gran Santuario.
Salve,        oh Arca que Espíritu dora;
Salve,        tesoro inexhausto de vida.
Salve,        diadema preciosa – de reyes devotos;
Salve,        orgullo glorioso – de sacros ministros.
Salve,        firmísimo alcázar – de toda la Iglesia;
Salve,        muralla invencible – de todo el Imperio.
Salve,        por ti enarbolamos trofeos;
Salve,        por ti sucumbió el adversario.
Salve,        remedio eficaz de mi carne;
Salve,        inmortal salvación de mi alma.
Salve,        ¡Virgen y Esposa!

24

Lector:       Digna de toda loa,
Madre santa del Verbo,
el más Santo entre todos los Santos.
Nuestra ofrenda recibe en el canto;
salva al mundo de todo peligro;
del castigo inminente libera
a quien canta: ¡Aleluya!
                   
El Coro y toda la Asamblea cantan:

¡Aleluya!, ¡Aleluya!

Terminado el canto del Himno Akhátistos, se dio lectura al Evangelio de san Lucas. Después de la proclamación del Evangelio, se dio lectura a los tres primeros números de la Misericordiae Vultus, la Bula de Convocación del Jubileo extraordinario de la Misericordia.

Para concluir este momento de oración y alabanza, encomendamos a María, Madre de Dios y Madre de misericordia, nuestras personas, los sufrimientos y las alegrías de nuestra existencia, la vida de cada uno de nosotros y el caminar, así como los frutos de este Año Jubilar. María es Madre de misericordia que, habiendo experimentado la misericordia de Dios de un modo único y privilegiado, acoge a todos los que en ella se refugian, y los escucha cuando la invocan. Ella es la Madre de la misericordia, atenta siempre a los ruegos de sus hijos, para implorar indulgencia, y obtenerles el perdón de los pecados. Ella es la Madre de la misericordia que ruega incesantemente por nosotros. Y rezamos juntos la oración a la Virgen que el Papa san Juan Pablo II presenta al final de su encíclica Veritatis splendor:

María, Madre de misericordia,
cuida de todos para que no se haga inútil
la cruz de Cristo,
para que el hombre
no pierda el camino del bien,
no pierda la conciencia del pecado
y crezca en la esperanza en Dios,
«rico en misericordia» (Ef 2, 4),
para que haga libremente las buenas obras
que él le asignó (cf. Ef 2, 10)
y, de esta manera, toda su vida
sea «un himno a su gloria» (Ef 1, 12). Amén.

Inmediatamente salimos en procesión hacia la Catedral, donde se abrió la Puerta de la Misericordia y se celebró la Misa.

Llegados a la puerta principal de la Catedral, la procesión se detuvo un momento para que el Obispo aclamara: “Abran las puertas de la justicia, entremos a dar gracias al Señor”.

Mientras se abría la puerta de la Catedral, el Obispo dijo la siguiente exhortación: “Esta es la puerta del Señor. Por ella entramos para obtener la misericordia y el perdón”. Y el Obispo, en silencio, mantuvo elevado el Libro de los Evangelios.

Luego la procesión retomó su camino hacia el altar. Al llegar al presbiterio de la catedral se hizo la memoria del Bautismo y la aspersión con el agua bendita.




No hay comentarios:

Publicar un comentario