LA EVOLUCIÓN DEL
TEMA DE LOS
DIVORCIADOS VUELTOS A CASAR
Artículo de Mons.
Alfonso G. Miranda Guardiola, Obispo auxiliar de Monterrey.
Aunque el Sínodo de
las Familias trató muchos y diferentes temas en torno a la familia, deseo
hablar particularmente sobre el tema de los divorciados vueltos a casar,
incluido dentro del basto tema de las familias heridas, pero quiero hacerlo
desde una óptica amplia, es decir, en un marco de 100 años.
Pues el Código de
Derecho Canónico del año de 1917, hablaba de los DVC, como públicamente
indignos, infames y pecadores públicos, bígamos, excomulgados o castigados con
entredicho, según sea la gravedad (c. 855, par 1 y 2356).
Esta dura forma de
expresarse permeó fuerte y radicalmente, toda la cultura social y eclesial
hasta el año de 1980, cuando se realizó el Sínodo de la Familia en Roma, y un
año después, el Papa Juan Pablo II, a luz de este Sínodo, publicó la
Exhortación Apostólica: La Familia en los tiempos Modernos, en latín Familiaris Consortio (FC), donde deja
atrás ese lenguaje condenatorio y discriminativo, y utiliza una forma de hablar
nueva, específicamente en el número 84, donde pide a los pastores que con
solicita caridad, procuren que (los DVC) no se sientan separados de la Iglesia,
invitándoles a participar en ella, y buscar para ellos los medios de salvación.
Aunque todavía en otra parte del documento, se habla de ellos como plaga, que
invade los ambientes católicos. Y emplea para referirse a ellos, el término de
“irregulares” (FC79), que, aunque mejora el lenguaje, al paso de los años sigue
sintiéndose marcadamente discriminatorio.
No obstante, se
trataba de un importante avance en la actitud, aunque quedaban todavía resabios
de un lenguaje peyorativo. Sin duda, estas palabras y actitudes nuevas del
ahora san Juan Pablo II, marcaron una pastoral específica de acogida y
discernimiento en muchas regiones de la Iglesia, especialmente en Alemania, donde
brotaron las más avanzadas iniciativas pastorales. Dos años después, en 1983,
el nuevo Código de Derecho Canónico, incorpora esta actitud, y retira todas las
palabras de discriminación y condenación. No haciendo referencia explícita a
los divorciados y vueltos a casar.
Casi veinticinco años
después de esta fecha, el Papa Benedicto XVI, con la encíclica Sacramentum Caritatis, del año 2007,
avanza un poco más, al señalar que la Iglesia desea que los DVC, cultiven un
estilo de vida cristiano, entre otras cosas, a través de un diálogo con un
sacerdote de confianza o un director espiritual (29). Y 8 años más tarde, ya en
el año 2015, se realiza el Sínodo Ordinario de la Familia, convocado por el
Papa Francisco, cuyo texto final, culmina la evolución de casi un siglo, sobre
el tratamiento de este tema, al emplear un lenguaje lleno de respecto, acogida,
ternura, y misericordia para con los DVC.
Pues habla
específicamente de que no solo no están excomulgados, sino que pertenecen al
cuerpo de Cristo, y deben sentirse miembros de la Iglesia, y de que es
necesario integrarlos, acompañarlos, y hacerlos participar en los diversos
servicios eclesiales, y discernir cuáles de las diversas formas de exclusión
hoy practicadas en los ámbitos litúrgicos, pastoral, educativo e institucional
pueden ser superadas (n. 84). Eliminando además, de todo el texto sinodal la
palabra “irregular”, para referirse a ellos y a cualquier otra familia.
Lográndose con ello, pasos importantes y significativos. Señalando incluso con
suficiente claridad las nuevas rutas a emplear con cada una de estas parejas, a
través del discernimiento sacerdotal, de acuerdo a la Familiaris Consortio, a
la enseñanza de la Iglesia, y bajo la autoridad del obispo (n. 85).
Ahora bien, no
obstante todos los avances sobre éste y otros temas, este texto sinodal, sin
ser un documento magisterial, pues se espera una Exhortación por parte del Papa
Francisco, surge con propuestas inacabadas o incompletas, incluso en cierta
forma, superadas, pues seguimos atrás en el desarrollo y profundización de
muchos temas, entre ellos, la basta complejidad de la bioética, las personas
con atracción al mismo sexo, la poligamia, los matrimonios mixtos, y la amplia
disfuncionalidad social, económica, moral y religiosa en que viven las familias.
Rogamos a Dios,
sinceramente, que no tengamos que esperar otros 35 años, para volver a tratar
colegialmente esta realidad tan crucial, como es la familia, que cambia
vertiginosamente.

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