ESPERANZA Y
DESAFÍOS
Mensaje de los Obispos de
México, durante la centésima Asamblea Plenaria de la Conferencia del
Episcopado Mexicano.
México, D.F., a 12 de noviembre de 2015
CEM /2015
Los Obispos de México reunidos en nuestra Centésima Asamblea Plenaria,
saludamos a todo el pueblo de Dios, y a todos los mexicanos, deseándoles toda
clase de bendiciones.
Con gran alegría hemos recibido la noticia de la próxima visita pastoral
del Papa Francisco. Para los católicos el Sucesor de Pedro es el principio
visible de la unidad de la Iglesia. Estamos contentos porque la visita pastoral
del Santo Padre fortalecerá nuestra fe, alentará nuestra esperanza y nos
impulsará a ser testigos del amor misericordioso. Nos da gusto saber que
nuestra alegría es compartida por muchos mexicanos que reconocen el liderazgo
moral y aprecian el testimonio del Papa Francisco.
El Papa viene a confirmarnos en la fe que, como él mismo nos ha
enseñado, «nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su
amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros
y construir la vida» Por ello, la visita del Papa nos consuela y nos conforta.
La fe tiene la capacidad de iluminar toda la existencia, es como una luz que
orienta nuestro camino. Estamos seguros que en medio de las situaciones
difíciles que vivimos en nuestra patria, el mensaje del Papa renovará en
nosotros las ganas de luchar por un mundo y un México mejor.
El Papa viene a alentarnos en la esperanza que nos
permite recorrer el camino de la vida con alegría. Hoy más que nunca, en medio
de tanto sufrimiento de nuestro pueblo, no podemos permitir que nada ni nadie
nos robe la esperanza, que es regalo de Dios, que nos da impulso y fuerza nueva
para vivir cada día y que nos proyecta hacia un futuro cierto, de amor, de
justicia y de paz. Esperamos al Papa Francisco como mensajero de la paz.
Su ministerio pastoral nos abrirá nuevos horizontes al comunicarnos la alegría
del evangelio de donde brota el entusiasmo y la generosidad para que todos los
discípulos del Señor seamos constructores de comunidad y artesanos de la paz.
El Papa viene a impulsarnos en la caridad, pues «las manos
de la fe se alzan al cielo, pero a la vez edifican, en la caridad, una ciudad
construida sobre relaciones, que tienen como fundamento el amor de Dios.»
Esperamos al Papa como misionero de la misericordia, pues viene a
anunciar a Cristo, el rostro visible de la misericordia de Dios. ¡Qué
necesitados estamos en México de renovarnos en el amor benevolente de Dios que
abre para nosotros caminos de reconciliación y de paz que se recorren a través
de la cercanía, el consuelo, la compasión y el perdón!
Este pueblo de México que visita el Papa vive situaciones de
desconcierto y de esperanza. A los Obispos mexicanos nos duele profundamente
todo lo que lesiona o amenaza la vida digna de las personas. Nos preocupa la
posible legalización del uso lúdico o recreativo de la marihuana, el deterioro
ecológico, la desigualdad social, la acentuación de la pobreza, el calvario de
los migrantes y las diferentes violencias que atentan contra la dignidad de las
personas.
Reconocemos los esfuerzos de distintos actores sociales comprometidos en
la transformación de esta compleja realidad. La crisis que pesa sobre el país
es también una oportunidad para estimular nuestra creatividad, para tejer redes
de solidaridad, para construir condiciones de paz y para cuidar nuestra casa
común. Ojalá cada día sean más quienes se sumen a estos esfuerzos.
Los Obispos de México queremos hacerlo desde nuestra misión pastoral y
nos inspira el tiempo de gracia del Año de la Misericordia. Este año jubilar
nos permite poner nuestra atención en aspectos esenciales de la vida cristiana.
Jesús nos muestra el rostro misericordioso del Padre y nos pide ser
misericordiosos como Él, al salir al encuentro del dolor y sufrimiento de los
enfermos, ancianos, presos, migrantes, de las familias, de los jóvenes y de toda
persona que pasa necesidad. La cultura del encuentro nos pide desarrollar
nuestra capacidad de escucha, crecer en nuestra compasión para consolar y
ofrecer acompañamiento a las víctimas de las violencias y fortalecer nuestras
capacidades para seguir aportando en la construcción de la paz.
La visita del Papa Francisco a nuestra patria en el Año de la
Misericordia nos fortalece en estos propósitos, pues viene a confirmarnos en la
fe y ésta, por su conexión con el amor «se pone al servicio concreto de la justicia,
del derecho y de la paz.»
Para recibir al Papa hemos de prepararnos adecuadamente. No sólo de
manera logística y mediática sino principalmente espiritual, eclesial y
pastoral; de modo que se abra nuestro corazón, nuestra mente y todo nuestro ser
para reconocer en las palabras del Vicario de Cristo, la voz de Dios que nos
invita a una conversión pastoral para continuar con dinamismo misionero
la transformación de nuestra Iglesia.
Confiamos que la alegría de la visita del Papa a México sea un acontecimiento
significativo. Invitamos a todos los fieles católicos y personas de buena
voluntad a estar atentos a su enseñanza, en la que sin duda encontraremos
inspiración y aliento para contribuir al progreso de nuestra Patria por caminos
de justicia y de paz.
Que las celebraciones guadalupanas nos dispongan a iniciar el Año de la
Misericordia en cada una de las diócesis con la presencia y el testimonio de
María, Madre Misericordiosa, que vino a nuestro pueblo para acercarnos la
ternura de Dios.
† José Francisco, Card. Robles
Ortega, Arzobispo de Guadalajara, Presidente de la CEM.
† Eugenio Andrés Lira Rugarcía,
Obispo Auxiliar de Puebla, Secretario General de la CEM

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