¿RELIGIÓN O MAGIA?
¿DEPENDENCIA O DOMINIO?
Artículo escrito
por el Pbro. Fabricio
Calderón, Párroco de la Comunidad de Ntra. Sra. de
Guadalupe, en san Francisco de Campeche, Cam.
He recibido un
whatsApp de un joven que me pregunta acerca de lo que piensa la Iglesia
respecto a la magia, la adivinación, las limpias, etc. Me dice que su inquietud
nace por la noticia publicada en varios medios impresos sobre un caso sucedido
en Escárcega a fines del pasado mes de Junio, donde unos falsos curanderos
engañaron a varias personas.
Me envió la
imagen de la nota del periódico titulada “Curanderos limpian a ingenuos”, donde
se informa que dos presuntos curanderos resultaron ser timadores, pues «por
leer las cartas cobraban 200 pesos», mientras que «un ganadero les pagó 30 mil
pesos por sanarlo y a una mujer le sacaron 10 mil pesos por liberarla de sus
males».
Hay que empezar
remarcando que existe una gran diferencia entre la religión y la magia (o
cualquier otra forma de superstición); ya que mientras a través de la virtud de
la Religión, el hombre entre en relación de dependencia con lo sagrado, con
Dios; una relación de dependencia en el amor y la amistad, como la relación de
dependencia de un niño recién nacido con sus padres; a través de la Magia, el
hombre pretende dominar lo sagrado, dominar a Dios. Por lo tanto son dos
actitudes diferentes las que se asumen
Si bien es
cierto que Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a algún santo,
enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (Catic)
que «la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las
manos de la Providencia de Dios en lo que se refiere al futuro y en abandonar
toda curiosidad malsana al respecto» (Catic
2115).
Por lo tanto, es
necesario tener en cuenta lo siguiente:
1.- Nadie puede
conocer el futuro, ni puede tener algún nexo o relación con el más allá, ni
puede mucho menos, modificar la realidad con ritos extraños; la realidad que
nos ha tocado vivir hay que aceptarla y transformarla con nuestro propio
esfuerzo personal. Quien promete cambiar súbita y milagrosamente la realidad lo
hace buscando otros fines (como el dinero, por ejemplo) y engaña a los demás.
Por tanto, todas
estas prácticas de adivinación deben ser rechazadas por quien busca acercarse y
amar a Dios: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos,
y otras prácticas que erróneamente se supone ayudan a conocer el porvenir.
2.- Contrario a
lo que se piensa, estas situaciones no tienen su raíz en ambientes de pobreza
cultural y de atraso socioeconómico, sino en ambientes donde se vive con una
pobreza de una fe auténtica, donde sienta sus raíces el miedo y donde se
cultiva un superficial y falso estilo de vida cristiana, o en los ambientes
donde el único Dios reconocido y adorado es el dinero, el poder, el bienestar,
la apariencia, el vivir sin problemas, o el endilgarle a los demás la causa de
nuestros problemas.
3.- Si algún
fiel católico experimenta fenómenos extraños en su casa, en su familia o en su
persona, es inútil que acuda a los charlatanes y falsos curanderos, que
prometen bajarles el cielo y las estrellas. Esa nunca será la solución
adecuada. La única solución es una firme y permanente adhesión a Jesucristo,
llevando una vida en la gracia, es decir, evitando el pecado; así como la
participación convencida y frecuente en los sacramentos: La misa diaria, o por
lo menos dominical, así como la confesión; también en estos casos es de mucha
ayuda la oración sincera, aquella que brota del fondo del corazón. Esta es la
mejor defensa ante cualquier mal oculto.
4.- En presencia
de algún problema de este tipo, es bueno acercarse al sacerdote de tu comunidad
o al que le tengas confianza para comentarle lo que está sucediendo; él sabrá
escucharte y conducirte ante el exorcista autorizado por el Obispo, el cual
siempre es un sacerdote.
5.- El recurrir
a la magia, ocultismo, cartomancia, hechizos, etc. Constituye siempre un GRAVE
PECADO de superstición e idolatría, aún el sólo hecho de hacerse leer las
cartas. Recurrir con frecuencia a estas prácticas expone a la persona a entrar
en contacto con el maligno.
La consulta a
los horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y
de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a médiums, encierran una
voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y también sobre el ser humano,
«a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos» (Catic 2116).
La Iglesia, como
buena madre y maestra, enseña y advierte a los fieles católicos que se
abstengan de estas prácticas, porque además de ponerse en riesgo de entrar en
contacto con el maligno, también están en contradicción al amor y al respeto
que le debemos a nuestro Buen padre Dios.
Todas estas
prácticas, además, se oponen al primer mandamiento del decálogo, que nos invita
a amar a Dios «con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas».


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