LA ACTIVIDAD
LEGISLATIVA ESTÁ BASADA EN LA ATENCIÓN AL PUEBLO
Artículo escrito por el Pbro.
Fabricio Calderón, Párroco de la Comunidad de
Ntra. Sra. de Guadalupe, en san Francisco de Campeche, Cam.
El
pasado jueves 24 de Septiembre, en una etapa de su histórica visita a Cuba y a
los Estados Unidos, el Papa Francisco se
convirtió en el primer Papa en hablar ante el plenario del Congreso de los
Estados Unidos en el Capitolio, donde agradeció a los Legisladores
Estadounidenses la invitación que le hicieron para hablar «en esta sesión
conjunta del Congreso en “la tierra de
los libres y en la patria de los valientes”. Me gustaría pensar que lo han
hecho porque también yo soy un hijo de este gran continente, del que todos
nosotros hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común».
El Papa, que varias
veces fue interrumpido por los aplausos, recordó que «cada
hijo o hija de un país tiene una misión, una responsabilidad personal y social […] Ustedes son el rostro de su pueblo, sus representantes. Y están
llamados a defender y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la búsqueda
constante y exigente del bien común, pues éste es el principal desvelo de la
política.
La
sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las
necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros,
especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo.
La actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo».
Más adelante el Papa expresó que «un pueblo
con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos, pero
logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo con dignidad.
[…] En esta sede quiero recordar
también la marcha que, cincuenta años atrás, Martin Luther King encabezó desde
Selma a Montgomery, en la campaña por realizar el «sueño» de plenos derechos civiles
y políticos para los afro-americanos. Su sueño sigue resonando en nuestros
corazones. Me alegro de que Estados Unidos siga siendo para muchos la tierra de
los “sueños”. Sueños que movilizan a
la acción, a la participación, al compromiso. Sueños que despiertan lo que de
más profundo y auténtico hay en los pueblos.
En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta
tierra persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad.
Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los
extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les
hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de
inmigrantes.
Trágicamente, los derechos de cuantos vivieron aquí mucho antes que
nosotros no siempre fueron respetados. A estos pueblos y a sus naciones, desde
el corazón de la democracia norteamericana, deseo reafirmarles mi más alta
estima y reconocimiento. Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos
y sangrientos, pero es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del
presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no podemos cometer
los pecados y los errores del pasado. Debemos elegir la posibilidad de vivir
ahora en el mundo más noble y justo posible, mientras formamos las nuevas
generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda a los “vecinos”, a todo lo que nos rodea.
Construir una nación nos lleva a pensarnos siempre en relación con otros,
saliendo de la lógica de enemigo para pasar a la lógica de la recíproca
subsidiaridad, dando lo mejor de nosotros».
El Papa Francisco, que fue aplaudido de pie por los congresistas,
continuó diciendo que «nuestro mundo está afrontando una crisis de refugiados
sin precedentes. Lo que representa grandes desafíos y decisiones difíciles de
tomar. A lo que se suma, en este continente, las miles de personas que se ven
obligadas a viajar hacia el norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para
sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no
es lo que nosotros queremos para nuestros hijos?».
Al referirse a la crisis de los refugiados, el Papa exigió no
dejarse «intimidar por los números, [sino] más bien
mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por
asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre
será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea:
descartar todo lo que moleste. Recordemos la regla de oro: “Hagan ustedes con los demás como quieran que
los demás hagan con ustedes”.
[…] Busquemos para los demás las mismas
posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los
otros como queremos ser acompañados […] Queremos
seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades,
brindemos oportunidades. El parámetro que usemos para los demás será el
parámetro que el tiempo usará con nosotros. La regla de oro nos recuerda la
responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana en todas las
etapas de su desarrollo.
Esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi
ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición
mundial de la pena de muerte. Estoy convencido que este es el mejor camino,
porque cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad
inalienable y la sociedad sólo puede beneficiarse en la rehabilitación de
aquellos que han cometido algún delito».
El Papa recordó que terminará su visita en Filadelfia, «donde
participaré en el Encuentro Mundial de las Familias […] Cuán fundamental ha sido la familia en la construcción de este
País. Y cuán digna sigue siendo de nuestro apoyo y aliento. No puedo esconder
mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el
interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda,
como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia».
El Papa Francisco finalizó señalando que «una Nación es
considerada grande cuando defiende la libertad, […] cuando genera
una cultura que permita a sus hombres «soñar» con plenitud de derechos para sus
hermanos y hermanas, […] cuando lucha por la justicia y la
causa de los oprimidos, […] siendo fruto de una fe que se
hace diálogo y siembra paz».

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