MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA
CON TODA SU VIDA
Homilía
de Mons. José Francisco González González, XIV Obispo de la Diócesis de
Campeche, en la Insigne y Nacional Basílica de Ntra. Sra. de Guadalupe, con
motivo de la Peregrinación de la Diócesis de Campeche al Tepeyac, el sábado 1º.
de Agosto de 2015.
Como cada año, la Diócesis de Campeche
peregrina a esta “casita” del Tepeyac. Por providencia divina, nos toca honrar
con esta peregrinación a la Virgen María de Guadalupe en sábado, día de María
en la Iglesia Universal.
A ella hemos venido de algunas de las
62 parroquias que están distribuidas en el extenso y selvático territorio del
Estado de Campeche. Además, la Diócesis está de plácemes por la fiesta del Hijo
de María, de Cristo Jesús. Pues, hace 450 años llegó al muelle de san Francisco
de Campeche una imagen en talla de madera, grande por su tamaño y potente por
su fe, milagros y devoción, la
imagen del Cristo Negro Señor de san
Román.
Así pues, hoy veneramos a la madre, en
su casa del Tepeyac, la que Ella escogió para mostrarnos su amor de Madre; y en
septiembre honraremos a su Hijo en su santuario de San Román, con el regocijo,
algarabía y el alegre folklor multi-cromático del pueblo campechano.
Estamos, además, a un mes de celebrar
el Congrego Eucarístico Nacional en la ciudad norteña de Monterrey. El pueblo
católico de México se unirá a contemplar, reflexionar, adorar a Cristo, en el
Sacramento de la Caridad, la Eucaristía. ¿Y quién más que la Virgen María para
enseñarnos actitudes concretas acertadas de lo que significa ser eucarístico? San
Juan Pablo II, un Papa muy mariano, en Ecclesia de Eucaristía nos convoca a la
escuela de María, “mujer eucarística” (EE 53-58), porque sólo mirando María y
siguiendo sus huellas podremos celebrar y vivir el Misterio eucarístico, el
tesoro de la Iglesia.
Acerca de la Virgen María se habló de
manera sintética y con admirable precisión en el capítulo VIII de la Const.
Lumen Gentium del CV II. El papa Pablo VI desarrolló la doctrina allí
presentada, si bien en un ámbito litúrgico, en la Exh. Apost. Marialis cultus
(1974).
El documento de Juan Pablo II, Ecclesia
de Eucaristía es una consecuencia de ambos documentos y la aplicación de los
mismos, pero presenta una superación, pues por primera vez llama a María «Mujer
eucarística».
En la LG 65 leemos que «por su íntima
participación en la historia de la salvación [María] reúne en sí y refleja, en
cierto modo, las supremas verdades de la fe». A estas verdades de fe pertenece
la Eucaristía, Misterio de fe por excelencia.
La presentación de María, Mujer
eucarística, modelo para la comunidad cristiana, ha de entenderse en base a la
doctrina patrística y conciliar de la Virgen María, “tipo de la Iglesia” en el
orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo (cf. LG 63). La
Marialis cultus había destacado el ejemplo de la Virgen María como modelo de escucha,
de oración, de ofrenda (MC 17-20) y su presencia implícita en el sacrificio
eucarístico «que la Iglesia realiza en comunión con los santos del cielo y, en
primer lugar, con la bienaventurada Virgen» (MC 20; cf. Plegaria Eucarística
I).
1. El ser humano está creado para
donarse María hace un don de sí (fiat), del cual es cumbre la Eucaristía. El
ser humano, creado a imagen de Dios, refleja en él mismo la naturaleza de un
ser en relación con Dios Uno y Trino, de manera que no puede encontrar su
propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo (GS 24).
El saberse donar supera la arraigada
costumbre social del intercambio interesado que exige correspondencia (el
famoso slogan romano do ut des). Pero en las complejas relaciones humanas es
posible arribar al don verdaderamente gratuito y sin posibilidad de
correspondencia.
Jesús, en el Evangelio, rompe el
círculo del trueque invitando a sus discípulos al don desinteresado, sin
objetivos secretos de recibir una compensación: «Cuando des un banquete, llama
a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso porque
no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos»
(Lc 14,13s).
Santo Tomás de Aquino fundamenta en el
amor de ágape la posibilidad del don gratuito que no exige ninguna
correspondencia, ya que busca el bien del otro.
La razón de la gratuidad en la entrega
es el amor. Este tipo de amor es dar de pura apertura, sin reciprocidad y sin
retorno. En esta dimensión se inserta la Eucaristía, la cual exige un ámbito de
don de sí y ayuda a realizarlo así. Jesús alcanza el punto más alto del don de
sí en su pasión: se dio a sí mismo (cf. Ga 1,4; 1Tim 2,6), dio su vida (cf. Mc
10,45), dio su cuerpo (cf. Mt 26,26). Es más, él mismo es el don por excelencia
que brota del amor del Padre: «tanto amó Dios al mundo que el dio a su Hijo Único»
(Jn 3,16).
La donación de Jesús no termina allí,
puesto que dona a la humanidad, además, su Palabra (cf. Jn 17,7.14), el Pan de
Vida (cf. Jn 6,35.51), la paz (cf. Jn 14,27); su Madre (cf. Jn 19,26-27). En
especial, confiere a los suyos dos preciosísimos dones: «dona el Espíritu sin
medida» (Jn 3,34) y «la vida eterna» (Jn 10,28). En efecto, por estas razones,
en EE se afirma que la Eucaristía no es un “don entre muchos otros, aunque muy
valioso, sino que es el don por excelencia, porque es don de sí mismo” (Nº 11).
Juan
Pablo II expresa su convicción que María mantiene una relación profunda con el
Santísimo Sacramento, y considera que el binomio María-Eucaristía es inseparable.
María Mujer eucarística con toda su
vida. María proyecta toda ella actitudes ‘eucarísticas’ hacia la Eucaristía.
María está totalmente en unión y relación con Cristo y, por consiguiente,
también al Sacramento de la Eucaristía.
a) María cree en el Verbo hecho carne:
En la Anunciación hay una analogía entre el fiat de María y el amén del fiel
cuando recibe el cuerpo del Señor (cf. EE 55). La actitud de María al aceptar
el Misterio de la Encarnación, anticipa la fe eucarística de la Iglesia.
- María creyó que lo que ella concebía
por obra del Espíritu Santo era el Hijo de Dios (cf. Lc 1,30-35); similarmente,
a nosotros se nos pide creer en el mismo Jesús, Misterio eucarístico, presente
en las especies del pan y el vino (EE 55). Por eso es importante no
acostumbrarse a responder sin atención y sin asombro ante la expresión
Mysterium fidei.
b) María, primer tabernáculo: La visita
de María a Isabel presenta, en relación con la Eucaristía, un dato objetivo y
una actitud subjetiva. Objetivamente, Lucas hace un paralelismo con el traslado
del arca a la casa de Obededom (cf. II Sam 6,12) con la convicción de que María
es el arca de la Nueva Alianza, que bendice a la casa donde llega. Esto es una
anticipación (prolepsis) de la Eucaristía que se conservará en los templos para
adoración de los fieles. En ambos casos la presencia de Jesús es escondida,
pues el seno de María se convierte en el primer tabernáculo de la historia,
donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres se ofrece a
la adoración de Isabel.
c) El magníficat, cántico eucarístico:
Hay por lo menos dos perspectivas eucarísticas en este cántico de María.
- alabanza y acción de gracias: pues en
ambos casos se alaba y se agradece al Padre “por Jesús, en Jesús y con Jesús”;
o sea, se realiza la verdadera actitud eucarística.
- Memoria de la encarnación redentora:
el Magnificat celebra la encarnación redentora, indicada “en las grandes cosas”
hechas por Dios en María; en la Eucaristía se hace actual el Misterio Pascual
del Señor.
d) Unida en el ofrecimiento del
sacrificio: Dos actitudes eucarísticas manifiesta María. El amor y el
ofrecimiento del sacrificio. La primera actitud en Belén, donde la Madre
contempla con mirada embelesada el rostro de Cristo y lo estrecha en sus
brazos. La segunda en Jerusalén, ante el anuncio de Simeón, (stabat Mater)
María anticipa el momento de la crucifixión. Esa es una Eucaristía anticipada,
pues hay una ‘comunión espiritual’ de deseo y de ofrecimiento, que culminará en
la unión con el Hijo en la pasión (cf. EE 56).
e) Haced lo que él les diga: Las
palabras de María en Caná: «Haced lo que él les diga» coinciden con las de
Jesús en la última cena: «Haced esto en memoria
mía». María nos anima a creer, a confiar en las Palabras de su Hijo, quien es
capaz de transformar el agua en vino; por consiguiente, no duden de que puede
transformar (transubstanciación) el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre.
f) Presente al pie de la cruz: Ella
vive el momento culminante de la Eucaristía (Misterio Pascual) “al pie de la
cruz”. En este episodio, preanunciado en la “hora” de Caná, Cristo le confía a
María a su discípulo amado, y en él le entrega a cada uno de nosotros. De este
don donado, queda el compromiso de conformarnos con Cristo, aprendiendo de la
Madre y dejándonos acompañar por ella (cf. EE 57).
g) Asidua a la fracción del pan: Quizá
María estuvo presente en la última cena, pues la cena pascual era una cena
familiar (cf. Ex 12,3-4.26). Pero donde sí se asegura su presencia es en la
fracción del pan de la primitiva comunidad de Jerusalén (cf. Hech 2,42). Ella
acompaña a los apóstoles en la oración (Hech 1,14). María acompaña a los
discípulos, y lo hace con la alegría y júbilo que provienen de la fe (cf. Hech
8, 8, 39; 13, 48, 52) que ella había experimentado en el magnificat (cf. Lc
1,46-47) y la sencillez del corazón que es propia del pobre de JHWH y de la
persona evangélica.
** Conclusión: María es Mujer
eucarística con toda su vida, pues experimenta, al igual que la Iglesia: la fe,
el canto, el amor, la comunión sacrificial, la alegría y la sencillez de
corazón.
Que la Virgen María de Guadalupe,
nuestra madre del Cielo, nos lleve, al pueblo de Campeche, a reconocer, amar,
adorar a Cristo Eucaristía. María es mujer eucarística. Y la Eucaristía es un
don materno.
Santa María de Guadalupe, reina de la
paz. Ruega por nosotros.

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